¿Y si las cosas cambian? ¿Si de un día a otro se acerca hacía mi la irremediable idea de quererlo todo con locura e insensatez? ¿Aceptaría el hecho de que las cosas estuvieron predestinadas? ¿O que en realidad nunca lo estuvieron? ¿Confesaría que nunca me he considerado de este planeta y que me siento más identificada con el extraño lenguaje de las hojas y la tinta? ¿Sería libre en ese entonces?
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