“La violencia está en el centro de nuestro
problema. No obstante, el tipo de violencia que consideraré aquí tiene poco que
ver con gente que se dé mutuamente martillazos en la cabeza, y no versará mucho
sobre lo que se supone que son los pacientes locos. Al hablar de la violencia
en psiquiatría, la violencia que nos enfrenta descaradamente dando gritos,
proclamándose violencia en alta voz (como lo hace muy pocas veces) es la
violencia sutil y sinuosa que las personas “sanas” perpetran contra los
rotulados “locos”. En cuanto la psiquiatría representa los intereses o
pretendidos intereses de los sanos, descubrimos que, en realidad, la violencia
en la psiquiatría es la violencia de la psiquiatría.” Psiquiatría y antipsiquiatría (1967)
Como
todxs sabemos, nos regimos bajo un modelo de poder que nos impone un sin fin de
parámetros y obligaciones que debemos seguir al pie de la letra, como por
ejemplo: la heteronorma nos indica nuestra sexualidad y el rol con el que
debemos cumplir el día a día. En este
ensayo hablaré específicamente sobre la doctrina que sostiene el modelo neoliberal contemporáneo: la batalla
del cuerpo sano versus el cuerpo enfermo. En otras palabras, “el cuerdo” contra el “loco”.
Este último, es innegable su poder político, social y económico que genera en
la sociedad. No importa su edad, sexo, situación económica. La “locura” no
discrimina, la locura es considerada como una grieta molesta e ineficaz en el orden de las
instituciones. Y esto se representa en nuestra vida diaria cuando nos vemos
enfrentados a la normalización cuyo significado es el poder que ejercen contra nosotros sin
la necesidad de represión directa (ya sea con impedimentos violentos) Hacen que la población y el sujeto
sigan con total “normalidad” las normas disciplinarias y reguladoras decretadas. Cuando
algún individuo sobresale y se desliga de alguna de estas dos, se le llamará “anormal”
¿Solución? Volver a reintegrarlo o finalmente, excluirlo. Lxs que tienen poder, pueden
decidir lo que es normal o no, lo aceptado y lo rechazado. Entonces, cuando se
intenta reintegrar al sujeto, entra en práctica la psiquiatría donde se atiende al
paciente el cuál se ve en la obligación de aceptar medicamentos debido a su "vulnerable estado" y si lo suyo es un caso “más complicado”, será excluido de su entorno. Es decir, será
derivado a un manicomio donde este será panóptico, el “loco” no ve pero es observado.
Quizá es aquí donde surge la “Antipsiquiatría” movimiento
fundado por el terapeuta y filósofo David Cooper quien está en contra de las
prácticas represivas de la medicina
tradicional al considerar ciertas
conductas como una enfermedad mental. Y
así, miles de antipsiquiátras, psicólogxs, sociologxs, se han unido a esta lucha por cambiar el modo de ver
al “loco” y su sufrimiento, descartando los pretextos hipotéticamente “genéticos” de los psiquíatras ante el
comportamiento y calidad de vida de los "pacientes". Complementando, hay que aclarar que actualmente, el desarrollo tecnológico ha resultado más eficiente para esta forma de dominio puesto que se hace de manera más discreta y menos explícita en hospitales, consultas privadas
y hasta en manicomios. Utilizan “diagnósticos” y supuestas técnicas como excusas para rehabilitarse. Es
una problemática que sigue emergente y su escenario es complejo. La locura,
como tal, se ha visto magnificada, crucificada, sentenciada e incluso, considerada como un
símbolo de sabiduría. Debemos tener en cuenta que la locura siempre ha existido. En siglos anteriores, era observada desde los prejuicios religiosos y ahora, es tomada por la
ciencia para incluirla dentro de patologías pero ¿Entonces de dónde surge la locura? Acaso ¿La antipsiquiatría puede romper
con la determinación biológica de aquellos a quienes la sociedad considera como
locxs? Mi respuesta es clara y tenaz, niego la locura como algo natural y
biológico, sino como algo social.
Quiero partir dándome el permiso de
destrozar la psiquiatría. Es el único medio donde puedo manifestarme correctamente
cuando hay tanto por escribir. En primer lugar, quiero referirme a la necesidad insensata del
médico por catalogarnos dentro de una "patología mental". Nadie consigue el tan aclamado "bienestar" luego de ser encasillado como “depresivx”, “enfermx mental” o
“esquizofrénicx”. Te limita y genera consigo, una carga emocional y social muy fuerte. Los datos arrojan que en Chile alrededor de mil quinientas personas se quitan la vida anualmente. A veces uno se cuestiona si este sistema tan represivo y conservador como el que tenemos implementado, es el causante de todas estas muertes y martirios. Y no obstante, la situación se repite a nivel mundial. Es por eso que el modo de tratar a una persona con procesos internos complicados, es inoperante y discriminatorio. Gran culpa tiene la psiquiatría al establecer "enfermedades mentales" las cuáles son son fuertemente criticadas y estigmatizadas. La gente que recibe pastillas será vista como un locx débil e
inservible. La misma medicina ha hecho
una imagen tan violenta de lxs depresivxs (también aplicable para cualquier
otra “enfermedad”) que establecen imaginarios en el resto de la población. Sí se
nos criara sin diferencias entre “normales” versus “enfermos” las tasas de
suicidios quizá bajarían. Debemos abandonar y rechazar las patologías
biopolíticas. No quiero negar el malestar y la angustia que sentimos, sino desarrollar potencias subversivas del cambio y
considerarlo como una herramienta política y social. Por ningún motivo la locura como tal, pertenece a una identidad. Enfrentarse continuamente a estos sucesos y "viajes delirantes" en este mundo hecho por y para los "normales", es complejo. Es por eso que las etiquetas
no sirven de nada. Siguen dividiendo, generando odio y desprecio hacía personas con capacidades diferentes, es
seguir alabando el poder autoritario y arcaico en el que estamos envueltos.
He estado en tratamiento psiquiátrico y
psicológico por cinco años. Mi propia
familia, amigxs, conocidxs me han recriminado el hecho de ser así. Destruir etiquetas es liberar prejuicios. La psiquiatría nos divide, nos coarta. Y es
curioso, averiguando hace un tiempo sobre un remedio llegué a una página donde
afirmaba que los fármacos no están comprobados si son cien por ciento eficaces.
De hecho, no hay ningún examen que compruebe alguna relación entre la
neuroquímica y la serotonina. Es decir, no hay hasta el día de hoy forma de
correlacionar estados determinados del sistema nervioso con estados
determinados del comportamiento. Además,
los fármacos eran utilizados mucho antes de que se formulara la hipótesis que
funcionaban para problemas mentales, los usaban para ver actividad cerebral
(Todo esto se puede ver y comprobar en el libro “Su problema es endógeno” de un
reconocido profesor Chileno anti psiquiatra: Carlos Pérez Soto). Creo que es
sumamente importante el significado del fármaco ya que este en realidad no
sirve. ¿Entonces por qué es utilizado si ni siquiera se sabe cuándo alguien
tiene un balance o desequilibrio químico? Muy simple, de alguna forma deben
controlar y a la vez llenarse el bolsillo de dinero. Es aquí cuando afirmo que
el “loco” ha sido creado para seguir fortaleciendo al sistema neoliberal
burgués. Si vemos cuántos dólares ganan por la venta de fármacos, ya sea
antidepresivas, antisicóticos, estabilizadoras: Es demasiado dinero. Y en Chile, no estamos alejados de esta
realidad sino que desde 1992 hasta el año 2004 el aumento de consumo de
pastillas es de un 407%. Estamos frente a un negocio netamente ineficiente
respecto al problema que creen “abordar” o poder “tratar”. Si me preguntaran
cuál es la diferencia entre la lobotomía y las pastillas, yo diría que ninguna.
Ambas, en su época son sumamente normales y necesarias ya que nosotrxs, los
locxs, servimos como ratas de laboratorios en la medicina tradicional o moderna
para que puedan “comprobar” desde el lado científico con nuestros cuerpos. La
lobotomía llevaba a la muerte, los fármacos aún no lo sé. Están perfectamente
diseñados para lo que en realidad fueron creados: la dependencia del sujeto.
Estas pastillas redondas parecen inocentes pero en realidad no son otra cosa
que dominación. Toda cosa que afecte al sistema nervioso, producirá también su
resaca, es decir, efectos posteriores a la interrupción abrupta de su consumo
como desagradable y doloroso. Contaré mi caso y me imagino que el de cientos de
personas. Nunca estuve de acuerdo con medicarme y cuando lo hice, sufrí los
efectos colaterales de tomarlos: visión borrosa, sudoración en manos, sequedad
en la boca, somnolencia, etc. Me costó un tiempo acostumbrarme, cuando me
sentía mejor y sabía que no era por las pastillas, las dejé de tomar. Cuando
las abandoné, sentí algo mucho peor que al inicio, dolores de cabeza insoportables,
insomnio, dolores articulares y obviamente, un estado emocional demasiado vulnerable.
Volví a la psiquíatra y me retó, me dijo que era muy grave ya que "aún no estaba
sana". Mi mamá, asustada decidió que cada
día iba a seguir tomando pastillas. Y sé que eso es lo que quieren, miedo. Este
sentimiento hace que la gente se enganche fácilmente. Pasó tiempo y cuando las dejaba de a poco me
sentía peor lo cual me dijeron: su problema es genético. He pasado por diversos
psiquíatras y cada uno de ellos tiene un distinto pero parecido diagnóstico. Es
la necesidad de tener clientela ¿Por qué de un día para otro miles de personas
sufren de depresión o déficit atencional? Sé que el sufrimiento es existente
pero la misma psiquiatría genera segmentación. "Si se ha hecho de la alienación psicológica la
consecuencia última de la enfermedad es para no ver la enfermedad en lo que
realmente es: la consecuencia de las condiciones sociales en las que el hombre
está históricamente alienado" tal como dice Foucault en la
oración anterior, estoy segura que las enfermedades o la locura, es netamente
algo social. Es el escenario donde el
sujeto está puesto junto a leyes y ordenes que lo guían. Para mí, cada nivel de
locura es un viaje o escape de esta tierra agresiva y normativa. Quizá no sea
satisfactorio pero es una forma de huida de la dominación, sometimiento y
represión de las instituciones disciplinarias. Los locos aparecen cuando se
crean centros disciplinarios
complementarios y deben cumplir con la normalización forzosa. No hay opción.
Quiero poner de ejemplo la villa 21, pabellón para jóvenes esquizofrénicos que
creo el hospital noreste de Londres. David Cooper, el fundador de la
antipsiquiatría se encargó de este centro. Los pacientes gozaban de una libre y
total libertad, no había imposiciones y participaban activamente en
organizaciones y asambleas en conjunto con el personal. Se trataba de separar
la frontera “paciente” y “personal”, “loco” y
“sano”. Existían terapias,
trabajos en comunidad, encuentros grupales donde el fin era mantener una
relación más abierta y participativa con los jóvenes ingresados. Con el tiempo,
las relaciones entre el personal y los pacientes, producía en muchos casos,
ansiedad por parte de trabajadores dentro del pabellón ya que caían “muros” que los
separaban de la locura. En otras palabras, “no eran tan locos como ellos creían
o les hicieron creer”. Villa 21, fue una experiencia donde se cayeron
prejuicios sin embargo faltaba gente ayudando. Cooper, sacó por conclusión que
sin electroshock, con muy reducidos tranquilizantes y terapias en conjunto, se
consiguieron iguales o mejores resultados
que con cualquier otro medio. Es aquí, donde uno se cuestiona que sin la
necesidad de implementar una violenta represión se consigue el cometido. Desde
el área social se puede contribuir al "manejo de la locura". Sin necesidad de
tomar millones de remedios ni ser tratados como presos.
Cuando llegué donde este psiquiatra, me atendió diez minutos. Tenía algo conocido como “trastorno de personalidad”, ósea, bipolaridad. Cualquier malestar emocional, hablar con la psicóloga, él solo ve los remedios. Me preguntó cómo me sentía con remedios y le conteste: “por mis ideales yo creo que…” me interrumpió en seco y me dijo que ahí, no importaban mis ideales. La violencia con la cual ejerce en sus consultas es tan sutil pero notoria. Este ex director del sename, es el ejemplo de lo
violenta e injustificable psiquiatría.
Todo lo que vivimos, las normas que se nos rigen desde pequeños, las
crianzas, la familia, la situación económica, todo eso, afecta en nuestro modo
de desenvolvernos ante el mundo. Mi locura no proviene de mi abuela, ni de mí
bis abuela, ni de mi tío en segundo grado.
Mi locura proviene del cansancio ante el mundo contemporáneo y su
autodestructivo modo de actuar. Thomas Szasz dice “Desde la revolución Freudiana, y especialmente desde la
Segunda Guerra Mundial, la fórmula secreta ha sido esta: si quieres
desvalorizar lo que una persona está haciendo, llama psicopatológico a su acto
y llámalo a él mentalmente enfermo; si quieres exaltar lo que una persona está
haciendo, llama psicoterapéutico a su acto y llámalo a él sanador mental”. Nosotrxs siempre seremos observadxs y
condenadxs por ser distintxs. Siempre existirán pretextos para hacerlo. Sufrir
se ha convertido en el nuevo foco del mercado.
No importa nuestra historia ni nuestro apellido, la psiquiatría siempre
estará en nuestra contra.
Para finalizar quiero aclarar que
no hay manera de afirmar que la locura es genética, la medicina aún es ineficaz
en comprobar equilibrios/ desequilibrios emocionales. Es una forma de gobernar
por parte del mercado y la medicina sin
ser del todo descubierta. Para mí la locura, se
produce por las experiencias vividas en este plano terrenal. Me incluyo como
loca porque me lo han dicho cada día desde que soy parte de la práctica psiquiátrica. Sin embargo, nosotrxs, “los anormales”, negamos la enfermedad mental y llamamos
enferma la sociedad actual que nos hace ser de esta manera. Sufrimos y sin embargo, desenmascaramos la patología.
Denunciar la psiquiatría, diagnósticos e internamientos como elementos
indeseables e improductivos. Nos etiquetan, encierran, drogan. Quizá seamos
vistos socialmente indeseables y en cierta parte, lo sabemos. Nuestro único
error fue haber observado el mundo de distintas maneras. La norma nos hiere y
destruye por no poder participar en ella. Lo que se hace actualmente es una aberración ante nuestros derechos. El sistema en sí
teme que podamos desequilibrar su gobierno. "Dejar de
estar loco es aceptar ser obediente, poder ganarse la vida, reconocerse en la
identidad biográfica que han forjado para uno, es dejar de extraer el placer de
la locura.” Como dice Foucault. No seamos obedientes, no demos cosas por
obvias. Somos víctimas de una dictadura social.
Ningún depresivo, bipolar, esquizofrénico es realmente el culpable. La antipsiquiatría tiene la misma
lucha que los locos, romper con lo que nos destruye. Y si algo entiendo de todo
esto es que temen del loco porque este
es el revolucionario, el que actúa bajo sus instintos y no le pide permiso a
nadie. Cualquier persona que su comportamiento no esté dentro de los parámetros
establecidos, será observada y sentenciada. La psiquiatría es la nueva policía
de la conducta y el orden. Debemos declararnos en contra de esta nueva manera
de control y crear una revolución del saber. Dejemos que el loco nos habite.
“Recuerdo haber pensado en una oportunidad que los esquizofrénicos son los poetas estrangulados de
nuestra época.”
David Cooper
Hooolaaa; gracias Andy por haberme invitado a pasar.
ResponderEliminarMuy buen texto.
La cita que pusiste de Szasz: "Desde la revolución Freudiana, y especialmente desde la Segunda Guerra Mundial, la fórmula secreta ha sido esta: si quieres desvalorizar lo que una persona está haciendo, llama psicopatológico a su acto y llámalo a él mentalmente enfermo"... me hizo acordar a cuando hace poco, acá en Argentina, el periodista y neurólogo Nelson Castro acusaba a la presidenta de tener un desorden mental y el psiquiatra y además actor, Diego Peretti, lo desacreditaba... si bien la neurología no reconoce el problema neurológico del que habla la psiquiatría, dicho neurólogo por estar en contra del gobierno usó conceptos psiquiátricos para desvalorizarla y el actor Peretti, que por su condición de psiquiatra debería haber estado de acuerdo, lo desacreditó por él ser oficialista; esto habla a las claras de como se usa a la psiquiatría con fines políticos y de como la cuestión médica termina siendo nula.
No conocía al tal Rodrigo Paz... recién leí sobre él y concluí que es realmente siniestro.
Muy bien hiciste en dejar los fármacos; tu enfermedad era el consumo de los mismos, y muy bien hacés en difundir sobre lo que realmente es la psiquiatría ya que los medios oficiales no quieren ni mencionar a la antipsiquiatría por recibir plata en publicidad de la industria farmacéutica, de ahí que la cosa vaya a cambiar (ya empezó el cambio) gracias a la información procedente de este medio de difusión en que se expresan personas sin cobrar y por ende, sus opiniones no están condicionadas por intereses económicos, a diferencia de lo que ocurre en los medios tradicionales que están compuestos de esbirros sin ética (periodistas) que más que informar, desinforman.
Chaaauu